Por Juan Guillermo Figueroa

25 de agosto de 2026

Todo el mundo sabe qué significa esa palabra, derivada del italiano.

Sin embargo, pocas personas –y me refiero a Chile—saben que fue el término con el cual firmó sus obras un dibujante de prestigio. Y que ese dibujante formó parte de la treintena de varones que dieron origen al Círculo de Periodistas de Santiago, en 1907.

           Se llamaba Raúl Figueroa.

Traigo su nombre a colación por dos razones. Primera, por el apellido, originario de Galicia. Segunda, por su actividad. Los gallegos, en todos los tiempos, han sido objeto de mofa. Figueroa, debido a su talento, se anticipó a posibles críticas. Colaboró en media docena de periódicos –incluyendo la revista Claridad, de la FECH, y Las Ultimas Noticias—y fue uno de los primeros caricaturistas de El Mercurio. Murió en 1948.

Salvo que algún centro de estudios lo haya investigado, por qué Figueroa utilizó la palabra Chao, es un misterio. En cualquier caso, el seudónimo lo hizo famoso.

Utilicé ex profeso el término “varones”, porque entre los fundadores de nuestra institución no figuran mujeres, aunque al parecer ocupaban algún lugar en los medios. Quizás la causa de esa ausencia fuera la naturaleza de la actividad que ejercían los hombres. Según la historia del Círculo, sus creadores eran “trabajadores de la prensa”, es decir, personas de desempeño intelectual o técnico. Predominaron redactores y reporteros de diarios y revistas.

Si bien hubo un tiempo en que el Círculo incorporó a sus filas a actores de teatro, recuperó su nombre original en la década del 40 merced a la tenacidad del visionario periodista Juan Emilio Pacull, el mismo que años después –junto a otros colegas—impulsó la creación del Colegio de Periodistas.

No fue lo único que ese entusiasta grupo de profesionales apoyó. También estuvo tras el origen de la primera escuela de periodismo nacional, bajo el alero de la Universidad de Chile, en 1953. Y varios de ellos integraron el primer cuerpo de profesores de la naciente escuela.

Quienes hayan leído acerca de los orígenes del Círculo saben que este fue creado como una institución de carácter gremial, orientada a otorgar salud y buen pasar a sus afiliados. También saben que el edificio en el cual estamos fue levantado en la década del 50 gracias a las gestiones de Pacull y distinguidos colegas como Juan Honorato y Mario Planet.

Fuimos testigos y disfrutamos de los beneficios que el Círculo históricamente otorgó. Me refiero a las atenciones que prestaron médicos y odontólogos a través del servicio de bienestar, así como al ágil y económico sistema de arrendamiento de cabañas en El Tabo. Si bien el rubro médico-dental decayó, guardo gratos recuerdos de quienes en su época nos atendieron con eficiencia y gentileza. Recuerdo a los doctores Cousiño y Miranda, a cuyos servicios acudimos como familia.

En cuanto a la Villa Camilo Henríquez, cuya actividad ha sido incesante desde su creación, también fue motivo de atracción para cientos de periodistas y socios colaboradores. Es grato disfrutar de la cercanía del bosque, del silencio del entorno y de la posibilidad de trasladarse a otros balnearios. Quien habla y seguramente muchos antiguos colegas guardamos inolvidables recuerdos de la villa.

Destacamos el esfuerzo de todos los directorios por atraer a los jóvenes periodistas, cuyo interés ha decaído en los últimos años. Para algunos resulta mejor trasladarse al centro de veraneo de la empresa o disfrutar de lo propio. Es difícil competencia. En cualquier caso, sería bueno que los centros de alumnos de las escuelas apoyen al Círculo en esta materia.

No puedo terminar estas deshilvanadas palabras sin antes rendir homenaje a la treintena de “trabajadores de la prensa” que hace 119 años fundaron el Círculo, una de las entidades gremiales más antiguas del país. Más de un apellido de los creadores trascendió hasta bien avanzado el siglo.

Del mismo modo, no puedo dejar de mencionar a tantos queridos amigos que ya no están, así como a respetados y distinguidos colegas que ejercieron cargos directivos o dictaron cátedra desde las escuelas de periodismo. Todos ellos merecen nuestro reconocimiento y gratitud.