Por Margarita Bastías baeza
Presidenta del Círculo de Periodistas de Santiago
El 25 de agosto cumplimos 119 años y nos llena de orgullo decir que esta organización social, la más antigua del país, permanece viva y atenta a lo que ocurre con los socios y preocupada también por el acontecer del país y del mundo.
Nacimos en los inicios del siglo pasado, en medio de una gran agitación social por los efectos de la revolución industrial y las consecuencias de la guerra del Pacífico de 1879 y la interna de 1891. Los trabajadores intentaban crear sus primeras organizaciones, lo que les implicó un alto costo, pues dicha osadía dejó estelas de sangre, sobre todo en el norte recién anexado, como la matanza de Santa María de Iquique (sólo cuatro meses después de constituirse el Círculo de Periodistas), La Coruña, luego Ranquil, Molina, las significativas luchas de los trabajadores campesinos.
En ese clima, es notable leer la primera acta del directorio que encabezó Zenón Murillo donde plantea que el Círculo debe preocuparse del bienestar de los hombres de la prensa (diarios) y del progreso del país. Expone que hay que contar con una biblioteca (cerca de la mitad de los habitantes era analfabeto), una sala de redacción, una sala para ejercicio físico y organizar seminarios y conferencias sobre los temas que preocupan a la sociedad.
Estos hombres visionarios, maravillosos, no hacían otra cosa que devolvernos al origen más puro del periodismo: el compromiso con las audiencias. No escribimos, ni relatamos para escucharnos o leernos a nosotros mismos. Nuestro deber es interpretar los anhelos de la gente, reportear sus necesidades, contar sus avatares para llegar a fin de mes, sus sueños para lograr una vida digna, sus preocupaciones por el mañana. Nuestra profesión pertenece a las humanidades y a la ciencia social. Cuando ingresamos a las diferentes Escuelas de Periodismo queríamos saber de todo para poder contarlo, queríamos investigar de los más diversos ámbitos y queríamos auscultar al poder.
Alguna vez fuimos el cuarto poder y aunque hoy nuestra profesión está muy decaída, incluso un premio nacional llego a decir que estábamos derrotados, tiendo a creer que aún quedan gotas de credibilidad que la sociedad nos entrega, gracias al alto compromiso de importantes colegas por contar la verdad descarnadamente y convertirse en foros que iluminan nuestras vidas.
Hoy estamos preocupados y en estos 119 años no nos podemos dejar de manifestar. El Ejecutivo ha enviado al Senado una propuesta de reforma constitucional que aumenta el poder del jefe de estado, añadiendo un nuevo estado de excepción, amparados en la crisis de seguridad que vive el país.
Somos una generación que vivió la restricción de sus libertades y creíamos que con la recuperación de la democracia había quedado claro que no volveríamos a esa larga noche oscura. No es así. Estamos en riesgo, porque cuando se coartan las libertades, la primera que sufre es nuestra querida libertad de prensa, esa que nos permite opinar y pensar sin riesgo de ser detenidos. Nuestro gremio debe oponerse con fuerza al intento de socavar nuestras libertades. No creemos en la dicotomía libertad–seguridad. Debemos ser capaces de enfrentar el crimen organizado y el narcotráfico en el marco de las reglas democráticas y el estado de derecho. No queremos falsos dilemas, condenamos abiertamente las nuevas formas de delincuencia y las bandas criminales que intentan socavar el poder y se apoderan de barrios pobres y amenazan a sus habitantes. Pero aspiramos a la paz y no a la guerra, y el combate a estas lacras mencionadas debe hacerse con las armas que nos da el estado de derecho.
El Círculo de Periodistas quiere aunar a nuestro gremio y contribuir al debate y la reflexión aguda. Invitará a conversar para ampliar el horizonte de la discusión y para fortalecer dentro de la sociedad el desarrollo de un pensamiento humano de largo aliento que sea capaz de superar la difícil coyuntura.
Tenemos 119 años, creemos que tenemos algo que decir.






