Por Francisco Larenas

Hace pocos minutos nos comunicaron la partida de Humberto «Tito» Ahumada. Llevaba algún tiempo internado en una clínica de nuestra capital y su salud ya no lograba recuperarse. Finalmente, los años pudieron más.

Humberto Ahumada Acevedo, ampliamente conocido en el medio por su seudónimo «Tito Norte», fue uno de los grandes referentes históricos del periodismo deportivo chileno. Nacido en 1935, construyó una extensa e influyente trayectoria profesional que culminó con el reconocimiento del Premio Nacional de Periodismo Deportivo, que recibió en 2016.

Inició su carrera en 1955, en el diario El Espectador. Su ingreso al oficio ocurrió en una época en que el periodismo se aprendía, en buena medida, en la calle, reporteando y observando. Antes de cumplir los 25 años ya escribía columnas de opinión en Las Últimas Noticias. Se formó allí donde se forjan los periodistas: en el contacto con la realidad y sus protagonistas.

A lo largo de las décadas, sus crónicas y análisis encontraron espacio en una larga lista de medios escritos: La Segunda, La Tercera, Fortín Mapocho, La Nación y revistas emblemáticas como Estadio, Gol y Gol, Triunfo y Hoy. También colaboró con el semanario The Clinic, donde, además, ejerció durante años como corrector de textos de destacados colegas. En la radio, dejó su huella en emisoras como Agricultura y Radio Santiago.

Recibiendo galardón de manos de Pedro Carcuro

Su aporte no se limitó al ejercicio profesional. Fue también un destacado dirigente gremial: presidió el Círculo de Periodistas Deportivos entre 1972 y 1985, conduciendo la organización durante años particularmente complejos para el país. Más tarde presidió el Círculo de Periodistas de Santiago, institución de cuyo directorio formó parte hasta el año pasado, cuando debió renunciar por razones de salud. Por la misma razón dejó su labor en The Clinic, donde todavía seguía corrigiendo los textos de sus colegas.

Pero las trayectorias profesionales, por extensas y meritorias que sean, no alcanzan a explicar por sí solas la dimensión de una persona.

Tito era un hombre cálido. Cuando te daba la mano para saludarte, uno sentía que no se trataba de una formalidad, sino de un gesto de amistad. Conocía nuestro gremio como pocos y se había ganado el respeto de todos. Era, para muchos, un verdadero decano del periodismo chileno.

Hoy estamos de duelo quienes tuvimos el privilegio de conocerlo, compartir con él y apreciar sus virtudes personales y profesionales. Se va uno de los grandes. De esos que no necesitan levantar la voz para dejar huella, porque su trayectoria y su calidad humana hablan por ellos.

Querido Tito, que el Señor, a quien siempre veneraste como católico, te reciba en su seno.

Un abrazo al cielo, querido amigo. Quiero imaginarte allá arriba, libre de todo dolor, haciendo lo que hiciste durante buena parte de tu vida: reporteando algún partido, buscando la noticia y contándosela a los demás.

Porque hay periodistas que dejan de escribir, pero nunca dejan de serlo.