Por la Redacción

La Biblioteca Joaquín Edwards Bello del Círculo de Periodistas de Santiago se convirtió este jueves 22 de octubre 2026, en escenario de un encuentro con la literatura, la memoria y las grandes preguntas de la existencia. Más de 45 personas asistieron al lanzamiento de Destino: Última parada, la nueva novela del periodista y escritor Daniel Ortiz-Alfaro, en una jornada que reunió a colegas, lectores y personas vinculadas al mundo cultural.

La actividad estuvo marcada por un ambiente de cercanía y reflexión, la que incluyó una rogativa chamánica, aportando un componente simbólico y espiritual a la presentación de una obra que desde su propio título plantea una interrogante inevitable: ¿qué sentido tiene el recorrido de nuestras vidas y cómo enfrentamos la certeza de su final?

Publicada por Capo Ediciones, la novela construye un relato en el que los caminos, las ciudades y los encuentros de un antiguo vendedor viajero, se transforman en escenarios para explorar la memoria, el amor, la soledad, los fracasos y la muerte.

Un viajero que reconstruye su existencia

Copiapó, Antofagasta, Calama, Mejillones, Iquique y Arica forman parte de este itinerario del protagonista. En Copiapó, Jaime –vendedor viajero– asume la protección de una joven embarazada y desamparada, de quien termina enamorándose. En Antofagasta conoce a una mujer madura marcada por la soledad; en Calama participa en una sesión de espiritismo que le entrega un mensaje relacionado con su madre fallecida. En Mejillones es víctima de una estafa y, en Iquique y Arica, otros recuerdos y experiencias completan el recorrido de su historia. Sin embargo, el viaje de Jaime no se limita a la sucesión de acontecimientos: su verdadero recorrido es interior. Rememora lo vivido e intenta comprender el significado de sus decisiones, sus afectos y sus pérdidas. Así, el norte se convierte en el territorio donde se despliega una reflexión sobre la condición humana.

«Escribir es llamar al sacerdote interno que tenemos»

Antes de comenzar el lanzamiento, Daniel Ortiz-Alfaro conversó sobre el origen de esta incursión literaria después de casi cinco décadas dedicadas casi enteramente al periodismo. Tras su retiro después de 48 años de periodismo informativo, surgió la inquietud de explorar otras posibilidades de la escritura. «Me bajó la tontera de escribir», comenta con sencillez, aunque detrás de esa expresión coloquial existe una búsqueda personal: trasladar a la ficción sus años de observar la realidad, conocer personas e historias diferentes.

Para Ortiz-Alfaro, mientras nuestro ejercicio profesional exige comunicar hechos y responder a las necesidades informativas de la sociedad, la escritura literaria permite profundizar en los sentimientos, las contradicciones y las preguntas que habitan en cada persona… y plantea una reflexión especialmente reveladora sobre su proceso creativo:

«Escribir es llamar al sacerdote interno que tenemos para que expulse los pecados y domine los diablos internos que tenemos».

Escribir significa enfrentarse a aquello que permanece en el interior, dar forma a experiencias y emociones, y una posibilidad de comprenderse a sí mismo, aunque reconoce que su expectativa es también que la novela encuentre lectores, sin pretender el reconocimiento público. «Importa muchísimo que alguien lo lea, lógico, pero más que eso (…) es un poco la liberación interior del escribir», señala.

En sus palabras se advierte la diferencia. Haber hecho periodismo escrito durante décadas, constituye una experiencia fundamental, pero trasladar esa práctica a la ficción exige otra sensibilidad, una búsqueda estética y la disposición a explorar nuevos lenguajes.

El significado de «una última parada»

El título del libro condensa una de sus ideas centrales: Desde el nacimiento mismo comienza el recorrido que conduce al final de la existencia. Cada persona avanza por un camino propio, acumula experiencias, construye vínculos y enfrenta circunstancias que terminan formando parte de su historia. La muerte aparece así como el destino común, aunque la travesía sea diferente para cada cual. No se trata solamente de reconocer la finitud, sino de preguntarse qué hacemos con el tiempo que tenemos, qué significado otorgamos a nuestras decisiones y qué permanece de nosotros en la memoria.

La figura del vendedor viajero resulta especialmente significativa en esta reflexión. Durante años, Jaime ha recorrido caminos y ciudades, transportando sus mercancías y encontrándose con personas que van dejando huellas en su historia. En la vejez, el equipaje material pierde protagonismo frente a otro mucho más íntimo: el de los recuerdos. Es ese equipaje el que la novela invita a revisar. Las experiencias felices conviven con las decepciones; los amores con las pérdidas; las decisiones acertadas, con aquellas que quizás habrían sido diferentes de haber existido otra oportunidad.

La obra propone, de este modo, una mirada sobre la memoria como parte esencial de la identidad. Recordar no significa únicamente volver al pasado, sino intentar comprenderlo desde el presente y reconocer cómo cada experiencia contribuyó a construir la persona que somos.

Del periodismo a la literatura: nuevas formas de contar la realidad

La trayectoria de Daniel Ortiz-Alfaro está vinculada al periodismo, la edición y la dirección de medios de comunicación. Formado en la Universidad Católica del Norte, desarrolló buena parte de su carrera en esa zona antes de trabajar también en Santiago y dirigir diarios regionales.  En todo caso, su camino literario no comienza con esta publicación: entre sus obras anteriores figuran Miseria humana: Periodismo y amistad (2021), y Piso 13: Prohibido hablar de la muerte (2024).

Con Destino: Última parada, el autor vuelve a explorar la frontera entre realidad y ficción, esta vez desde la experiencia de un personaje que reconstruye su vida mediante recuerdos y episodios situados en distintas ciudades. Su propuesta también invita a reconocer la continuidad entre ambos oficios. El periodista observa, escucha y registra acontecimientos; el escritor, además, puede detenerse en las zonas menos visibles de la experiencia humana, imaginar situaciones y darles una forma narrativa capaz de suscitar preguntas en el lector.

Desde el Círculo de Periodistas de Santiago, el encuentro permitió celebrar el trabajo de un colega que, después de casi medio siglo de ejercicio profesional, continúa encontrando en la escritura una forma de expresión, búsqueda y descubrimiento. Porque, como sugiere Destino: Última parada, la vida puede entenderse como un viaje en el que cada ciudad, cada encuentro y cada recuerdo adquieren un significado particular. Y aunque el destino final sea compartido por todos, la historia que construimos durante el trayecto es única.

La novela de Daniel Ortiz-Alfaro invita, finalmente, a mirar ese camino con otros ojos: a reconocer el valor de lo vivido, a reconciliarnos con nuestra propia historia y a comprender que mientras avanzamos hacia nuestra última parada, son las experiencias y los vínculos los que le dan sentido al viaje.