Por Enrique Fernández
Gráfica: gentileza de Asterisko
De un tiempo a esta parte, los encargados de difundir la noticia perdieron seriedad. Especialmente en la televisión, algunos diarios y las redes sociales.
En la televisión las noticias se convierten en espectáculo de media hora para mostrar un socavón en la carretera. Otra media hora para una sesión del Senado. Y otros 15 minutos para exhibir el bombardeo de Irán, cuando eran suficientes tres o cuatro minutos por tema. Monólogos lateros donde prevalece la opinión del informante: lamentable accidente, trágica muerte, cobarde agresión, brutal crimen.
Los encargados de difundir la Noticia, lejos de informar, comentan, opinan, califican y critican, porque las lluvias del temporal no desaparecerán con la presencia de los militares (Constanza Santa María). Para aquellos, que estudiaron cinco años en la universidad, los cadáveres ‘lograron’ ser rescatados (le hicieron harto empeño los cadáveres, hasta que lo lograron), y como estos informadores no tienen clara la película ni poseen vocabulario, ponen en pantalla a un carabinero que aclara las cosas y a un fiscal, encargado del caso, que repite la información por tercera vez, después del periodista, el policía y el funcionario del Ministerio Público.
Son comunicadores que juegan al periodismo, sin conocer ni practicar el uso del lead, para resumir la noticia en el primer párrafo de su relato y en 40 palabras. Es muy complicado, dicen. Tampoco conocen ni practican le pirámide invertida, porque es difícil iniciar un relato con los elementos más valiosos de una noticia y deslizarse por la historia con una graduación de mayor a menor contenido en la escala de esos valores informativos.
Es más cómodo desechar las normas del periodismo clásico, el de los viejos como Luis Hernánez Parker, Mario Gómez López, Osvaldo Muray o Manola Robles. Tampoco hay que tomar en serio la objetividad, porque no existe. Total, la grabadora o la cámara reproducen lo que dicen las fuentes y bien se sabe, como dijo García Márquez, que “la grabadora oye, pero no escucha, siente, pero no tiene corazón”.
Por eso los lectores de noticias entran también en el terreno de la opinión, como si fueran columnistas. Así, Juan Manuel Astorga se considera con plena autoridad para afirmar que los niños haitianos que estaban perdidos eran víctimas de traficantes de órganos. Y Juan Antonio Neme se siente con derecho a señalar que el periodismo siempre debe estar en la oposición. Con ese criterio no podríamos destacar los avances de la ciencia, el deporte, el arte o la economía.
Una novedosa veta informativa que descubrieron los medios impresos y las redes sociales es el suspenso. ¿Cómo atrapamos al lector si ya no utilizamos el lead clásico que contiene la noticia? Veamos un ejemplo, tomado de un titular del diario “La Cuarta” en su edición electrónica del 21 de julio: “Tengo que confesarles…”: Cristián de la Fuente reconoce que lucha contra implacable adicción y toma radical decisión.
Ante semejante síntesis de la noticia, el lector aficionado a la farándula quedará atrapado: Querrá saber más, necesitará saber más, pedirá saber más… ¿Cuál es esa implacable adicción que sufre el actor Cristián de la Fuente? ¿Y qué decisión tan radical tomó para librarse de ella? ¿Acaso piensa suicidarse? ¿O quiere internarse en una clínica?
Si a nuestro lector le atrae el titular, se dará el trabajo de leer el relato completo. Y al llegar al final descubrirá todo el peso de la terrible confesión del actor: Tengo que confesarles algo que no sé si a ustedes les pasa también. Soy como medio adicto
a los programas de reality. Descifrada la primera parte de la noticia (¡y vaya qué noticia!).
Ahora, para seguir jugando al Periodismo…
… tenemos que aclarar la drástica decisión que tomó don Cristián para dejar de ser un adicto. ¿Y cuál es esa decisión? Contratar una suscripción de pago con el canal que transmite su reality favorito.
Jugando con el suspenso, por ejemplo, durante los recientes temporales, volvemos a la televisión para observar cómo los canales abusan de las alertas. Anuncian “Urgente”, “Último minuto” o simplemente “Ahora” para provocar la atención inmediata de los televidentes sobre noticias que no son ni urgentes ni ocurrieron en los últimos minutos, porque ya fueron transmitidas a través de la radio y las redes sociales.
Un grupo aparte de los informadores lo forman los panelistas. Ellos y ellas ejercen la profesión del momento, con figuras como Daniela Aránguiz, Pamela Díaz, Vasco Moulián o Jordy Castell. ¿Y dónde estudiaron “panelismo” en lugar de periodismo? En ninguna parte. Pertenecen a una escala superior de los “opinólogos” de ayer, que opinaban de todo, sin ningún estudio de “opinología” y con un nivel de cuarto medio.
Es una peligrosa manera de jugar al periodismo, con la valiosa excepción de reporteros y editores que realizan su trabajo con entrega y vocación. Juego peligroso, plagado de fakenews y distorsiones, que llevan a la sociedad a desconfiar cada día más de los mensajes que recibe.
Es en medio de este escenario cuando aparecen los líderes salvadores del mundo, como Tramp, Milei o ese mismo en el que usted está pensando.





