Por la Redacción

Tito Norte, nuestro compañero de ruta, dedicado dirigente gremial, nos ha dejado esta tarde. Gran periodista, Premio Nacional de Periodismo Deportivo, dedicó su vida a este noble oficio y también a una para muchos, desconocida pasión: el básquetbol.

Tuvo una activa participación como dirigente en el Círculo de Periodistas de Santiago y en el Círculo de Periodistas Deportivos de Chile, como también en el Colegio de la Orden. En este momento acompañamos a sus familiares, amigos y excompañeros de trabajo, con un abrazo colectivo, corporativo y fraterno.

Hace poco nuestro Directorio le encargó a la colega Lorena Bahamondes que lo visitara para hacerle una entrevista. Aquí les presentamos un resumen.

Tito Norte: más de siete décadas de oficio

Bajo la calidez de una tarde de junio “Tito Norte” repasa una trayectoria fundacional construida a pulso, pasión y una inquebrantable vocación gremial que resuena como faro para las nuevas generaciones de la prensa nacional.

En un patio luminoso, resguardado del frío santiaguino, conversamos con Humberto Ahumada Acevedo —histórico rostro y memoria viva de la crónica nacional—, un hombre cuya impronta se funde con la identidad misma del Círculo de Periodistas de Santiago. Nacido en Antofagasta en 1935, “Tito Norte” representa una de las trayectorias más extensas, entrañables y significativas del periodismo chileno contemporáneo.

Durante el encuentro los recuerdos brotaron en medio de la emoción, evocando aquellos años en su natal Antofagasta. Cierra los ojos y lo primero que aparece en su memoria es el Colegio San Luis, de donde egresó en 1952 y con cuyos compañeros de entonces mantiene lazos inquebrantables, organizando cálidos reencuentros. Venir del norte chileno no es solo un dato geográfico, sino un ancla identitaria profunda, un orgullo que ha defendido y llevado como estandarte a lo largo de su vida pública.

Del deporte a la escritura: el nacimiento de un oficio

La historia de Tito Norte se inscribe en esa rica tradición de la prensa chilena donde la práctica, la calle y el talento innato antecedieron a la formación académica. Antes de entregarse por completo a la pluma, tentó caminos en la ingeniería y cursó hasta tercer año de Derecho. Sin embargo, su destino cambió irrevocablemente al calor del básquetbol, disciplina que lo vinculó tempranamente a la organización y cobertura de eventos de magnitud.

Hacia 1953, tras desempeñarse en la secretaría de la Comisión de Prensa del Campeonato Sudamericano de Clubes, su aguda capacidad para observar y tomar apuntes llamó la atención de Mario Gómez López, quien lo invitó a colaborar en el diario El Espectador. Ya en 1955 comenzaba formalmente una carrera construida sobre la curiosidad intelectual y el rigor. Su prestigio despegó rápidamente en 1956, cuando anticipó en una columna la brillante proyección de un joven Max Garafulic rumbo a los Juegos Olímpicos de Melbourne. Poco después, su pluma se consolidaría en La Segunda bajo la tutela de Hugo Gasc y, desde enero de 1957, en Las Últimas Noticias invitado por Carlos Guerrero, “Don Pampa”.

Ahumada formó parte de una generación dorada que profesionalizó la cobertura deportiva, conectando las hazañas de los atletas con las emociones cotidianas de miles de chilenos. Este periodismo se erigió estrechamente ligado a la cultura de masas, configurando narrativas capaces de explicar procesos sociales e identitarios. Para Tito, el cronista jamás debía limitarse a la fría estadística: “El periodista debe ser un observador permanente de la realidad, capaz de contextualizar los acontecimientos y explicar su significado para la sociedad”, señaló en esa ocasión.

El viaje como herramienta y la ética de la profesión

Entre los tesoros de su memoria, Tito Ahumada evoca con especial chispa una inolvidable gira escolar a Buenos Aires. En una época en que los viajes de estudio rara vez cruzaban las fronteras nacionales, él y sus compañeros plantaron bandera con una frase que marcaría su sino: “Nosotros vamos a Buenos Aires”.

Aquel desplazamiento pionero no fue anécdota juvenil, sino el germen de una vocación viajera que más tarde lo llevaría a cubrir mundiales y Juegos Olímpicos. Para él, el desplazamiento físico trasciende la superficie: “Viajar es impagable, porque permite captar realidades más allá de lo evidente; no se trata únicamente de ver, sino de comprender”, explica. Esa mirada amplia y rigurosa cimentó un estilo propio donde la ética, la verificación de los hechos y el respeto por los lectores constituyeron una brújula inalterable.

Gremio, memoria y democracia

Más allá de las grandes redacciones y estadios, el legado de Humberto Ahumada se enraíza en su profunda vocación gremial. Su paso como presidente del Círculo de Periodistas Deportivos entre 1972 y 1985 demostró una valentía cívica notable, liderando la institución en un período de profundas tensiones políticas donde “defender la profesión era también defender el derecho a informar”, como recalcó.

Durante su gestión como presidente del Círculo de Periodistas entre 1994 y 1996, batalló por preservar el patrimonio institucional, logrando importantes mejoras junto al municipio capitalino.

Con visión estratégica, Tito Ahumada advirtió tempranamente sobre los desafíos futuros del gremio, alertando acerca del envejecimiento de la base social y la necesidad imperiosa de tender puentes con las nuevas generaciones de profesionales. Entendía que la supervivencia de una institución histórica radica en su capacidad de renovación frente a los vertiginosos avances tecnológicas.

Un legado que sigue latiendo

La trayectoria de Tito Norte ha sido justamente honrada con hitos como el Premio Nacional de Periodismo Deportivo en 2016 y los emotivos homenajes recibidos durante los Juegos Panamericanos Santiago 2023. Sin embargo, sus colegas no solo lo recuerdan por los galardones o sus crónicas memorables en medios como La Tercera, La Nación o Fortín Mapocho, sino por su calidad humana, su talante conciliador y su permanente defensa de la dignidad profesional.

Consultado sobre cómo le gustaría ser recordado en los anales de la prensa chilena, su respuesta revela la esencia de su paso por la vida, tan sencilla como monumental:

“Logré todo con perseverancia”

La historia de Humberto Ahumada no pertenece a un pasado polvoriento, sino al latido presente de nuestro oficio. Mientras existan cronistas dispuestos a mirar con sensibilidad, a interpelar con honestidad y a defender la libertad de expresión con la misma pasión que Tito Norte imprimió en cada cuartilla, la memoria viva del periodismo chileno seguirá caminando firme hacia el porvenir.

Su figura agitará desde ahora las páginas de la historia del periodismo chileno.