Tres películas basadas en hechos reales forman parte de la temática del ciclo de cine del Círculo de Periodistas en el mes de octubre.  Todos los lunes a las 18 horas en el Teatro Camilo Henríquez, Amunategui 31.

Johnny 100 pesos, Quizás es cierto lo que dicen de nosotras y el Chacal de Nahueltoro son películas chilenas que harán recordar hechos noticiosos al público chileno  en distintas épocas, y después de cada función, la conversación continuará con un espacio de reflexión a cargo de Hans Stange, de la revista Primer Plano, para compartir miradas, preguntas y lecturas sobre cada obra.

El recorrido comienza el 5 de octubre con “Johnny 100 Pesos”, dirigida por Gustavo Graef Marino y estrenada en 1993.

Johnny, un joven de 17 años que participa como cómplice en el asalto a una casa de cambio clandestina en pleno centro de Santiago. El plan fracasa y el edificio queda rodeado por la policía. Lo que podría parecer un simple hecho policial se transforma rápidamente en un acontecimiento mediático y político. La película está inspirada en un hecho real y fue rodada en Santiago. Su protagonista queda atrapado no solamente dentro de un edificio, sino también en una sociedad que observa, negocia, juzga y transmite el drama en directo.

Johnny está en medio de una transición, dado que es un adolescente obligado a enfrentarse violentamente a un mundo adulto, pero detrás del delito aparece otra pregunta, mucho más incómoda: ¿qué ocurre cuando un joven que se siente excluido descubre que la violencia parece ser uno de los pocos lenguajes que la sociedad escucha?

La película retrata un Chile que acababa de recuperar la democracia y que buscaba mostrarse ante el mundo como un país seguro y moderno. Pero bajo esa imagen existían desigualdades, rabias y vidas que no necesariamente habían encontrado un lugar en ese nuevo escenario. Treinta y tres años después de su estreno, muchas de sus imágenes siguen teniendo una fuerza particular.

Una familia frente al horror

El 19 de octubre será el turno de “Quizás es cierto lo que dicen de nosotras”, de Sofía Paloma Gómez y Camilo Becerra, estrenada en 2024.

Aquí el encierro cambia de escenario. Ya no estamos frente a un edificio tomado por delincuentes, sino frente a una casa familiar donde regresa una hija después de años de alejamiento.

Ximena, una psiquiatra, recibe inesperadamente a Tamara, quien ha permanecido vinculada a una comunidad espiritual. Pero el regreso está marcado por una desaparición: el hijo recién nacido de Tamara ha desaparecido en circunstancias inquietantes y una investigación comienza a revelar una realidad cada vez más perturbadora.

La película está inspirada en hechos reales y fue presentada internacionalmente en el Festival de San Sebastián, dentro de la sección Horizontes Latinos. Pero sus realizadores han planteado una distinción importante, que no se trata de reproducir literalmente un caso policial, sino de utilizar elementos de una realidad conocida para construir una ficción que explore el horror desde otro lugar. En palabras recogidas durante su estreno, la película busca preguntarse cómo una familia enfrenta aquello que resulta casi imposible de comprender.

Y quizás ahí está una de sus mayores fuerzas, porque el horror no siempre llega desde un lugar desconocido. A veces entra por la puerta de nuestra propia casa. La película coloca en el centro los vínculos entre madres e hijas, la búsqueda de sentido, la pertenencia y la necesidad humana de creer. Y, al hacerlo, evita que el espectador pueda sentirse completamente seguro desde fuera.

La pregunta deja de ser solamente “¿cómo pudo ocurrir?” y comienza a transformarse en otra mucho más difícil: “¿qué circunstancias pueden llevar a una persona a cruzar un límite que parecía imposible?”

Cuando una sociedad decide quién merece una segunda oportunidad

El ciclo llegará a su punto más estremecedor el 26 de octubre, con una de las obras fundamentales de la cinematografía nacional: “El Chacal de Nahueltoro”, dirigida por Miguel Littin en 1969.

Basada en un hecho real, la película reconstruye la historia de José del Carmen Valenzuela Torres, campesino que en 1960 asesinó a su conviviente y a los cinco hijos de ella. Condenado a muerte, durante su permanencia en prisión aprendió a leer y escribir antes de enfrentar el pelotón de fusileros.

La brutalidad del crimen es imposible de ignorar, pero Littin hace algo todavía más complejo,  obliga al espectador a mirar al hombre detrás del crimen y a preguntarse por las condiciones sociales que rodearon su vida. Estrenada inicialmente en el Festival de Cine de Viña del Mar en 1969, la película se convirtió en una pieza fundamental del Nuevo Cine Chileno y del Nuevo Cine Latinoamericano y su fuerza permanece intacta porque no ofrece respuestas cómodas.

¿Puede una persona cambiar?

¿Qué responsabilidad tiene una sociedad frente a quien creció en la pobreza, el abandono y la falta de educación?

¿La justicia solamente debe castigar o también debe preguntarse por las condiciones que hicieron posible una tragedia?

Y quizás la pregunta más dura: ¿cuánto vale una vida cuando la sociedad ya ha decidido quién es culpable y quién no merece otra oportunidad?

Mirar – Escuchar – Conversar.

Las tres películas tienen algo en común: ninguna permite salir completamente indiferente.

Johnny nos enfrenta a la marginalidad y a la violencia de una sociedad en transformación.

Tamara y Ximena nos llevan al territorio inquietante de los vínculos familiares, las creencias y el horror.

José del Carmen Valenzuela nos enfrenta a una de las preguntas más dolorosas del cine chileno: si la educación, el acompañamiento y la posibilidad de cambiar llegaron demasiado tarde.

Son historias diferentes, pero juntas construyen un recorrido por distintas formas de exclusión y violencia. Y también por la necesidad de comprender antes de juzgar, sin que comprender signifique justificar.

En tiempos en que las imágenes pasan rápidamente por nuestras pantallas y una noticia desplaza a otra en cuestión de minutos, detenerse frente a una película y conversar sobre ella también puede ser una forma de resistencia.

Ese es precisamente el valor: la película no termina cuando aparecen los créditos finales.

Comienza …

Una conversación.

Una pregunta.

Una memoria.

Una diferencia de opinión.

Una reflexión que quizás nos acompañe camino a casa.

Este octubre, ven a ver. Pero, sobre todo, ven a conversar.

Te esperamos en Teatro Camilo Henríquez: Amunátegui 31 – Santiago