Por la Redacción

Hay instituciones que simplemente cumplen años y hay otras cuya existencia forma parte de la historia de un país. El Círculo de Periodistas de Santiago pertenece a esta segunda categoría.

Nació el 25 de agosto de 1907, cuando el periodismo aún no era profesión universitaria y la radio todavía no formaba parte de la vida cotidiana de los chilenos. En aquel Chile de comienzos del siglo XX, 23 trabajadores de la prensa decidieron organizarse en torno a intereses comunes y dar vida a una institución destinada a fortalecer la unión, la solidaridad y la protección de quienes ejercían el oficio periodístico.

Los nombres de Aurelio Díaz Meza, Próspero Martínez, Rafael Carranza, Zenón Segundo Murillo y tantos otros, forman parte de esos primeros capítulos. Fueron hombres que comprendieron que organizarse era también una manera de dignificar un oficio que estaba llamado a transformarse.

De organización gremial a una amplia obra para el periodismo

 

La historia del Círculo tuvo un momento decisivo durante las décadas de 1940 y 1950, cuando una nueva generación encabezada por Juan Emilio Pacull asumió el desafío de fortalecer y refundar la institución.

Ya no bastaba con reunirse. Había que construir. Había que conseguir mejores condiciones para los periodistas, avanzar en la profesionalización, defender sus derechos y crear espacios donde las nuevas generaciones pudieran formarse. De esa inquietud surgieron algunas de las obras más trascendentales de la historia del periodismo chileno.

El Primer Congreso Mundial de Periodistas se realizó en Santiago en 1952, reuniendo a destacados periodistas y escritores internacionales. Un año después, en 1953, nació la primera Escuela de Periodismo del país en la Universidad de Chile, materializando una aspiración impulsada desde el Círculo a fin de que el periodismo dejara de ser solamente un oficio aprendido en las redacciones, para convertirse en una profesión universitaria.

Amunátegui 31: mucho más que un edificio

 

En 1953 también se concretó otro de los grandes sueños: la Casa del Periodista. El edificio de Amunátegui 31 inaugurado el 15 de octubre de ese año, fue concebido como un espacio propio para el encuentro. Su construcción fue posible gracias a un grupo de dirigentes encabezados por Juan Emilio Pacull, quien incluso recurrió al presidente Carlos Ibáñez del Campo para obtener apoyo y así concretar el proyecto.

Pero Amunátegui 31 nunca fue solamente cemento y oficinas; allí hubo espacios para la cultura, la conversación, el descanso, la formación y la vida gremial de las y los periodistas.

En 1955 empezó a funcionar la Biblioteca Joaquín Edwards Bello, buscando disponer libros y conocimiento para periodistas y estudiantes. El Archivo Digital del Círculo permitió rescatar actas, fotografías, cartas y recortes de prensa, poniendo a disposición de la comunidad documentos que permiten reconstruir la vida de la institución y, al mismo tiempo, una parte esencial de la historia del periodismo nacional. La propia investigación histórica sobre el Círculo advierte que sus logros, fracasos y experiencias no pueden perderse en el tiempo y destaca que gran parte de la historia de la profesión se ha escrito desde y gracias a esta institución.

Ese mismo año comenzó a tomar forma uno de los proyectos culturales más significativos asociados al edificio. Bajo la presidencia de Pacull, el Círculo impulsó distintas iniciativas para reunir recursos destinados a habilitar una sala teatral. Entre ellas estuvo la exhibición de la película La Quintrala, del cineasta argentino Hugo del Carril. La sala, que inicialmente se encontraba en obra gruesa, necesitaba financiamiento para completar sus instalaciones y adquirir incluso sus butacas.

Así nació el Teatro Camilo Henríquez, inaugurado en 1956 y ubicado en el primer piso de Amunátegui 31. Su creación expresa una convicción que estaba profundamente instalada en aquellos dirigentes, los periodistas no podían vivir ajenos a la cultura y a las artes.

El teatro se convirtió rápidamente en un espacio relevante para la creación escénica. Durante sus primeros años estuvo vinculado a la Escuela de Teatro de la Universidad Católica y acogió a generaciones de actores, dramaturgos y creadores. Por su escenario pasaron figuras y obras fundamentales del teatro chileno, contribuyendo a convertir este lugar en parte de la historia cultural del país. Su escenario fue también espacio para obras emblemáticas y para el desarrollo de importantes dramaturgos y directores nacionales. Entre los nombres vinculados a su historia aparecen Isidora Aguirre, Luis Alberto Heiremans, Sergio Vodanovic, Eugenio Dittborn, Hugo Miller y Alejandro Sieveking, entre otros.

De esta manera, el teatro no fue un elemento accesorio dentro de la Casa del Periodista. Fue y ha sido un lugar donde el periodismo se encuentra con la cultura, el pensamiento y la sociedad.

En el edificio también existió un servicio de salud destinado a los socios y sus familias, expresión concreta de la idea original de protección y bienestar que acompañó al Círculo desde sus primeros estatutos. La Villa Camilo Henríquez, en El Tabo, se convirtió durante décadas en un espacio de convivencia familiar, vacaciones y encuentro gremial. Sus cabañas guardan la memoria de generaciones de periodistas, hijos, familias y amigos que hicieron de ese lugar parte de su propia historia.

En 1956 nació el Colegio de Periodistas de Chile, otra de las grandes instituciones que tuvieron su origen en el impulso y trabajo desarrollados desde el Círculo. Pero hay otra obra fundamental que permanece: la memoria que vive en nuestra casa, y es que debemos custodiar una obra que sigue viva.

El mundo cambió, sin duda, cambiaron los medios, las tecnologías, las formas de informar y las maneras de relacionarnos. Pero las razones que hicieron necesario crear el Círculo continúan presentes: la necesidad de encontrarse, organizarse, protegerse, defender la libertad de expresión, promover la cultura y mantener vivo el sentido de comunidad.

El legado de quienes soñaron la primera organización gremial de periodistas, de quienes hicieron posible la Casa del Periodista, impulsaron la enseñanza universitaria, promovieron el bienestar y levantaron espacios de cultura: exige nuevas generaciones dispuestas a continuar esa tarea.

La tarea no es solamente conservar lo que hicieron nuestros antecesores. Es tener el coraje de continuar su obra y hacerla crecer.

Los 119 años no deberían ser el punto final de una historia, por el contrario, deben convertirse en un nuevo punto de partida. El futuro del Círculo está en volver a mirar su enorme patrimonio histórico para proyectarlo hacia las nuevas generaciones y sus nuevas necesidades. Está en abrir nuevamente sus puertas a periodistas jóvenes, estudiantes, profesionales de las comunicaciones y a todos quienes comprendan el valor de la palabra, la cultura, el pensamiento crítico, la solidaridad gremial y la libertad.

También se puede volver a imaginar el futuro.

La historia del Círculo de Periodistas de Santiago está escrita en sus actas, en sus fotografías, en Amunátegui 31, en sus bibliotecas, en sus espacios culturales y de recreo, en la memoria de sus socios y en las páginas de la historia del periodismo chileno.

Pero la historia más importante es la que todavía falta por escribir.