Por Oriana Zorrilla
21 de agosto de 2026
Hoy, la Patagonia se quedó sin aliento. Nos dejó Patricio Segura Ortiz, y el territorio que defendió con convicción y ternura guarda silencio ante su partida. Los árboles, las lluvias, las turbulentas aguas del Baker, las nieves y las ovejas parecen llorarlo. Hasta los Oligoryzomys longicaudatus —los ratones colilargos de nuestro sur— parecen avergonzados de haber contagiado al periodista y tenaz defensor de la flora, la fauna, la cultura y las comunidades patagónicas.
Miriam, su compañera y Juli, la nieta, aún permanecen graves en el Hospital Regional de Concepción, luego de haber dado una dura pelea para lograr el traslado de ambas, porque en ese rincón del mundo no existen los medios necesarios para tratar el virus Hanta.
Patricio y Miriam eligieron Guadal para construir allí su hogar. Formaron una hermosa y extensa tribu familiar, integrada por hijas, un hijo y nietos, y estrechamente vinculada con ambientalistas, trabajadoras y trabajadores patagones, músicos y personas dedicadas al arte y la cultura.
Le relaté mi experiencia de hace algunos años, cuando mi compañero sobrevivió al virus Hanta después de que siete vecinos murieran antes de su contagio en un campo cercano a Chillán.
Le aconsejé: “Cuídate, descansa y come, porque esta es una batalla larga. El tratamiento avanza lentamente, la recuperación parece no llegar y, a veces, la lucha entre la vida y la muerte se vuelve eterna”.
Patricio me respondió: “Sí, es cierto, pero mi amor por Miriam también es eterno. Yo aquí no soy el protagonista, pero lo estoy pasando muy mal. Me duele verla con fiebre, tiritando y mirándome con sus ojitos, como si me pidiera ayuda”.
Como me contó que no podía dormir, continuamos conversando un par de días, vía WhatsApp. Entonces me envió su columna “Esperando tu regalo”, en la que evocaba los años compartidos y la vida que ambos habían construido en torno a su tribu familiar.
El texto concluía con una frase esperanzadora: “Hoy, un peldaño más feliz”. Miriam había experimentado una leve mejoría. Después llegaron el silencio y la muerte, que arrebató a Patricio de la vida de tantas personas.
Alertados por la gravedad de la situación, en muy poco tiempo más de trescientas personas —integrantes de organizaciones medioambientalistas, medios de comunicación y amistades— nos reunimos a través de las redes para informarnos sobre la salud de Miriam y Julieta, y alentar a Patricio, quien las protegía con angustia mediante su presencia.
Confiábamos en los avances médicos desarrollados en las regiones de Ñuble y del Biobío; por eso, pese a su gravedad, nunca imaginamos este desenlace.
Centenares de organizaciones, medios de comunicación y personas han expresado su dolor por la partida del tenaz defensor del medioambiente, del periodismo ético y plural al servicio de las personas, del arte y de la cultura. Entre ellos se encuentran el Colegio de Periodistas de Chile, Patagonia sin Represas, la Red de Protección y Defensa del Territorio Patagonia, Ríos Libres, Aysén tu problema es mi problema, Corporación Chelenko, El Mostrador, El Ciudadano, Le Monde Diplomatique, El Siglo, El Desconcierto, El Periodista, Radio 45 Sur de Aysén, Mataquito Río Abajo, Periodistas Eméritos y Chile Sustentable.
Erwin, Fabien, Margarita, Josefina, R y R, Manuel, Marcel, Rocío, Paula, Javiera, Marcela, Oriana, Vero, Mario, Patricio, Gordita linda, Heinrich, Lucy, Rodrigo, Feisal, Mamyluz, Yessica, Ximena, La fugitiva, Silvia, Dani, Dani, la Gran Jovita, Chechita Huilquiruca, y así hasta el infinito.
Para Margarita Pastene, expresidenta del Colegio de Periodistas de Chile, no solo fue un gran colega y amigo, sino también uno de sus alumnos en la Escuela de Periodismo de la Universidad Católica del Norte: un joven cercano, inquieto y brillante, cuya partida tan temprana resulta desgarradora.
Tras un breve paso por Santiago, el amor por Miriam y por el fin del mundo los arraigó para siempre. Patricio alzó su voz frente al extractivismo y en defensa de aquello que amaba; forjó amistades profundas, dejó huellas y cosechó una enorme admiración y cariño. Su presencia, su voz, su compromiso y su generosidad serán profundamente extrañados. Guerrero, luchador y tenaz comunicador, defendió la libertad de expresión, la descentralización informativa, la ética y el resguardo de quienes ejercen la comunicación ambiental en zonas apartadas, abogando siempre por un debate democrático y riguroso.
Patricio es irremplazable.
“La Patagonia sigue en silencio porque está rindiendo tributo a un grande que entregó su vida en ella y por ella”, como dice la “Gran Jovita”.
“Con una jornada en Cochrane de intercambio de semillas, para que se multiplique como la semilla que fue, le rendiremos homenaje. También lo haremos en la Catedral de Coyhaique”.
Y Mauricio Ñirre habla con su voz:
Jamás me despediré de ti lugar amado. Ni siquiera cuando me vaya, poco a poco hacia el centro de la vida que se apaga.
No hay despedida posible cuando habitarte es habitarme y respirar entre tus bosques hace brotar semillas y corazones.
Nunca me iré realmente, lugar amado.
Tu nieve se desprende de mis cabellos; cuando escribo, se derrite y cantan los teros.
Están los diarios hablando de ti y de tu vuelo, están las redes llorando.
-Nunca me iré realmente- repites, convertido ahora en viento, en lluvia, en tierra.







