Junio 15 de 2026
MSM
La partida de Abraham Santibáñez, Premio Nacional de Periodismo 2015, enluta al periodismo chileno y a todos quienes tuvimos el privilegio de conocerlo, aprender de sus enseñanzas y compartir su compromiso con la profesión. El anuncio lo hizo su hermano sacerdote salesiano.
A lo largo de más de ocho décadas, contribuyó de manera decisiva al desarrollo del periodismo nacional. Su labor como reportero, editor, director de medios, y académico -también presidió el Colegio de la Orden entre 2008 y 2010- estuvo siempre guiada por una profunda convicción: que el periodismo es un servicio a la sociedad y una herramienta indispensable para la vida democrática. “Honró de principio a fin el periodismo chileno”, opinó al saber de su deceso, la también Premio Nacional de periodismo y miembro de la Academia Chilena de la Lengua, Patricia Stambuk.

El primer trabajo de Abraham Santibáñez fue en el Arzobispado, gracias a lo cual tuvo la oportunidad de ser testigo presencial del Concilio Vaticano II. Ya titulado fue redactor de la revista Vea. Más tarde comenzó a trabajar en Ercilla, en donde llegó a Subdirector, para luego acompañar a Emilio Filippi en la creación de la revista Hoy. Durante la dictadura integró la comisión de verificación del caso Hornos de Lonquén, contribuyendo a revelar uno de los episodios más emblemáticos de las brutales violaciones a los derechos humanos en Chile.
“Creo haber culminado una existencia de la que me siento orgulloso”
Fueron estas sus palabras, ya pensando en su despedida durante su cumpleaños número 85, quien en marzo de 1990, por invitación expresa del presidente Patricio Aylwin, dirigió el diario La Nación y fuera autor de libros sobre la formación de nuevos periodistas.
Hijo de una química-farmacéutica, y con la intención de continuar el negocio familiar, entró a estudiar Química y Farmacia, donde, según sus propias palabras, durante todo el periodo se dedicó más bien a hacer diarios murales. Con la vocación ya clara, entró a estudiar periodismo en la Universidad de Chile, donde fue alumno del icónico Luis Hernández Parker, entre otros brillantes maestros.

Su nombre quedó ligado a algunas de las experiencias periodísticas más significativas del país, pero su aporte fue mucho más allá de los medios en los que trabajó. Fue un formador de generaciones de periodistas, promotor de la ética profesional y un defensor permanente de la libertad de expresión y del derecho de la ciudadanía a estar informada.
Quienes compartieron con él destacan no sólo su excelencia profesional, sino también su calidad humana. Fue un hombre culto, generoso y reflexivo, siempre dispuesto a escuchar, orientar y compartir su experiencia con colegas y estudiantes. Su autoridad no provenía únicamente de sus conocimientos o de los cargos que desempeñó, sino de la coherencia con que vivió los valores que defendía.
Como dirigente gremial, Abraham Santibáñez entendió que el fortalecimiento del periodismo requería instituciones sólidas, diálogo respetuoso y una permanente defensa de la dignidad profesional.
La entrega del Premio Nacional de Periodismo en 2015 reconoció en él una trayectoria excepcional. Sin embargo, el mayor reconocimiento provino siempre del respeto y el afecto que despertó entre sus pares, sus alumnos y quienes encontraron en él a un maestro dispuesto a compartir conocimientos y experiencias sin estridencias ni protagonismos.
Hoy despedimos a un hombre que honró al periodismo chileno con su trabajo, su pensamiento y su conducta. Su legado permanecerá en las salas de redacción, en las aulas, en las instituciones gremiales y en la memoria de quienes creen que el periodismo debe ejercerse con rigor, independencia, responsabilidad y vocación de servicio público.
Abraham Santibáñez, completa el trío de insignes periodistas que nos han dejado en los últimos días.
Expresamos nuestras más sentidas condolencias a Ana María Allendes y a su hija María Paz.





