Por Enrique Ramírez Capello


Soledad, mi hija, rescató un ejemplar de la caótica biblioteca. Me lo regaló Patricia –mi amada hermana-, quien partió para siempre hace casi cuatro años. Su título me atrajo: “Mírame a los ojos”. Parece reasomada de una obra romántica o una letra de bolero.

¡No! Se trata del testimonio del destacado actor y profesor de teatro, Alberto Vega. En 2006 cayó rudamente de su bicicleta. Se lesionó el cerebro y perdió todo movimiento y el habla. Se le diagnosticó síndrome de cautiverio.

Su ánimo se quebrantó. Decidió luchar. Vega se comunica con el auxilio de My Tobii, equipo de computación novedoso. Con él, escribe en una pantalla con solo mover sus ojos. Así pudo trabajar nuevamente en teatro y en cine. Ahora, con el libro “Mírame a los ojos”. Un ejemplo de valentía y tenacidad, editado por Grijalbo. 

Vega nació en la capital el 10 de enero de 1951. Estudió castellano durante tres años. Hasta que lo convocó una pasión mayor: el teatro. Se matriculó en la Escuela de Arte de la Universidad Católica, pero la dictadura la clausuró. Tiempo después se inauguró la Escuela de Teatro de la misma Universidad. Alberto Vega llegó a ser profesor y director entre 2004 y 2006.

Entonces, el grave accidente en bicicleta desbarató su trayectoria. Inmovilizado y sin habla, no se trizó su capacidad intelectual. Algunos sentidos, en contraste, se acentuaron. Redactó esta obra con el apoyo esencial de Verónica Barraza, artista visual y amiga. Demoró dos años, exclusivamente con sus ojos.

El Centro de Desarrollo de Tecnología de Inclusión de la Universidad Católica le adaptó el computador My Tobii. Gracias a ello seleccionó letras, palabras y oraciones con el movimiento de sus ojos. Alberto Vega escribe microtextos que se leen con fluidez y emoción. Al modo del escritor que registraba sus greguerías en servilletas de papel en los bares de Madrid, guía para sus brevísimas frases.

Del mismo modo, lo hacía Byron Gigoux James con sus “Vilanos”, en “Las Últimas Noticias”, diario que dirigió durante 30 años. Además, Isidoro Loi en sus apostillas que envía a los periódicos.

Cada página contiene párrafos muy pequeños. En ellos, Alberto Vega cuenta detalles caseros, habla de su adultez, de su casamiento y de sus hijos. Relata que llegó a ser un buen actor. Se refiere al abandono, que comenzó con la muerte de su padre, de cáncer pulmonar.

“Mírame a los ojos”, literalmente, es una visión a barrios, recuerdos y miradas al pretérito.

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