Nadie dijo que los próximos cuatro años iban a ser fáciles, ni para unos ni para otros. A la generación que vivió la dictadura, le es imposible sustraerse a los conceptos con que nos bombardearon durante 17 años en el terreno económico: Políticas de shock para un estado ineficiente; reducción del aparato estatal con despidos masivos de empleados públicos; apretarse el cinturón, un gobierno de unidad y reconstrucción nacional, y ‘no importan los plazos sino las etapas’ porque, aunque no hubiera sustento, el eslogan es ‘vamos bien, mañana mejor’.

El pinochetismo está de vuelta en La Moneda, ya no con la fuerza de los cañones sino respaldado por el voto mayoritario que le dio la ciudadanía, luego de 36 años en que se alternaron alianzas de centro izquierda y de centro derecha en el gobierno. Los Chicago Boys ya no cuentan con “el ladrillo” que construyeron antes de que Salvador Allende ganara en 1970 las elecciones presidenciales, pero ahora tienen a un ministro de Hacienda, que tan solo en un mes mete todo lo que puede en un proyecto de ley denominado de Reconstrucción Nacional.

El presidente republicano José Antonio Kast  –que se manejó en campaña con frases que impedían que la población supiera lo que iba a hacer– mostró al llegar a La Moneda que no era la seguridad ni el orden lo que le importaba. Su misión era aliviar a los más ricos de este país reduciéndoles los impuestos, dando de paso un golpe mortal al incipiente estado de bienestar que se ha intentado construir con tantas dificultades desde la recuperación de la democracia en 1990. Los nuevos inquilinos de palacio sostienen –al igual que lo hacía “el ladrillo”– que con el crecimiento habrá “chorreo”.

Trabajadores y trabajadoras, pobladores y profesionales, sufrieron la política de shock del ministro Quiroz ya en marzo, cuando se anunció que no se aplicaría el Mecanismo de Estabilización de Precios a los Combustibles (Mepco). Esta vez los transportistas no pararon sus camiones frente a La Moneda, como lo hicieron con los gobiernos anteriores, o en Nos en 1972.

El gobierno se quedó sin luna de miel y las encuestas vieron como Kast se derrumbaba en las encuestas perdiendo 20 puntos. La ciudadanía observa con asombro que la ministra vocera nada explicaba y que la titular de Seguridad venía más bien a darse gustitos o revanchas personales. Ambas se convertirían en la primera baja del gabinete, adjudicándose esta administración –que llegaría a hacer bien las cosas– la instalación más breve y fallida desde el retorno de la democracia.

Pero el mandatario, que cuando fue opositor denostó permanentemente a sus antecesores, ha dejado perpleja a la ciudadanía con sus declaraciones frente a importantes materias que requieren una visión de Estado. Ante al deterioro ambiental que puede significar la aprobación de proyectos sin los estudios correspondientes, asimiló un campo húmedo de su papá a la importancia de los humedales. Sobre el valor de la investigación, acuñó que se hacen bonitos libros en que se gastan 100, 200 y hasta 500 millones de pesos para luego quedar abandonados en las bibliotecas. La comunidad científica reaccionó al unísono coincidiendo en que las palabras del primer mandatario denotaban, al menos, ignorancia. Todos los gobiernos han reconocido que los países avanzan cuando hay investigación para evitar que el desarrollo sólo dependa de los precios de sus materias primas. Chile tiene la más baja inversión en ciencias en relación al PIB, 0,4%, el más alto porcentaje, alcanzado solo bajo el gobierno de Gabriel Boric, pese a los compromisos de los anteriores mandatarios.

Hace pocos días, Kast fue interrogado también por la prensa ante la falta de resultados en el tema de la migración recordándole lo que había sostenido en campaña cuando contaba los días que le quedaban a los migrantes irregulares para irse voluntariamente. Eso fue una “metáfora”, respondió sin medir las consecuencias. Al día siguiente se corrigió y afirmó que había sido una “hipérbole”.

Hace unos días, el ministro Martín Arrau, ahora a cargo de Seguridad, afirmó que la política de seguridad del presidente Gabriel Boric es suficiente y sus lineamientos, como dice la ley, deben aplicarse por los próximos 6 años.

Con todo, como graficó la filósofa Josefina Araos, la megarreforma sigue avanzando para beneficio de los más ricos… aunque el ministro de Interior aceptó ampliar la discusión de la llamada Ley Miscelánea, o Tutti-frutti.

El 1 de mayo marcharon los trabajadores trabajadoras, y sus carteles eran elocuentes para expresar su rechazo a este paquete radical de medidas que apunta a reducir el Estado, dejarlo sin recursos para financiar los programas sociales. No fue una manifestación apoteósica, como la del 25 de octubre de 2019. En esa oportunidad, el segundo gobierno de Sebastián Piñera llevaba un año y medio en el poder y la ciudadanía estaba cansada de la falta de empatía de ministros que no entendían cuáles eran sus necesidades. ¿Cuánto demorará Kast en entender para qué lo eligió la gente?