EL ÚLTIMO VUELO DE “PALOMITA BLANCA

Por Enrique Ramírez Capello

Sarcástico, promotor de la literatura, fuera de todas las casillas convencionales. En él se reconocía su generosa inocencia para enfrentar la vida.

El niño terrible del panorama cultural chileno, murió a los 91 años. Era Enrique Lafourcade. Ácido, polémico, creativo sin fronteras. No tenía recetas para escribir. “Es como respirar”, proclamaba.

Autor de 40 libros, el más popular es “Palomita Blanca”, que ha vendido dos millones de ejemplares. Dos jóvenes protagonizan la novela, gestada durante la Unidad Popular. El director Raúl Ruiz la llevó al cine. No es la obra más importante y sí la más famosa.

Enrique Lafourcade fue el gran promotor de la Generación del 50. En una antología de cuentos reconocía a Mario Espinoza, Claudio y Giaconi, José Donoso, Guillermo Blanco, Enrique Lihn, Jorge Edwards, María Elena Gertner, Alberto Rubio y Fernando Emerich

El paraje mayor era el Parque Forestal, donde escuchaba y seguía a los maestros Roberto Humeres, Luis Oyarzún y el poeta Eduardo “Chico” Molina, recurrentes en sus crónicas dominicales en “El Mercurio”.

Prosa liviana, sin olvido, inteligente y bella. Siempre esperada y aplaudida. Alusión a escritores pretéritos y otros emergentes. Se fue ausente del reconocimiento que tanto merecía: el Premio Nacional.

Confesaba su devoción por el pensar y el silencio.

Solo creo que su participación en “Cuánto vale el show” mostró su debilidad por la fama en televisión. En la hora de su autodefinición, respondía: “Anarquista sentimental y católico en estado salvaje”.

Colaboró largamente en “Las Últimas Noticias”.  Lo conocí en las páginas de Redacción, que dirigía Luis Sánchez Latorre, uno de mis maestros. Él era un manantial de conocimientos que nutría a Lafourcade. Sus columnas eran vibrantes y paradójicamente melancólicas. Allí aparecía Marta Blanco, con un estilo casi sospechosamente parecido.

Cuando el autor de “Palomita Blanca” se casó con la bella periodista Marcela Godoy y viajó a Barcelona, Blanco evocó paseos en tierras catalanas. Con tanto fuego que Sánchez Latorre paró sus columnas 

Liberal y libre, Lafourcade no aceptaba restricciones.

No obstante, tuve la casi exclusividad de leer su respuesta al crítico literario y sacerdote del Opus Dei Ignacio Valente. No puso freno a ningún adjetivo. No se publicó porque fue censurado.

Lafourcade destacó por sus talleres literarios, en los que formó a una pléyade de autores. La controversia era una de sus dinámicas. Tal vez eso le costó que no le dieran el Premio Nacional.

Murió a los 91 años, el último vuelo de “Palomita Blanca”.

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