Por Cristián Opaso

Debo comenzar diciendo que la invitación del Círculo para escribir algunas palabras sobre la lectura, o el libro, me llegó en el peor ¿o mejor? momento. Masticaba aún mi rabia por no poder organizar una nueva presentación de mi último libro (Engaños Mutuos: El Golpe Gringo, Ceibo, 2023) en la Feria del Libro de Recoleta. Cruzábanse entonces en mi cabeza y corazón todas esos resentimientos que llévanlo a uno en ocasiones a formularse la pregunta que titula esta columna.

En ocasiones, años de reporteo; siempre meses, semanas y horas, una tras otra, de extendido y solitario esfuerzo para parir un libro. Para que al final pocos/as lo conozcan, y menos aún, lo lean. Si ¡ni los amigos a veces lo hacen! (sobretodo a los/las que se los regalamos). Para que hablar de las ganancias económicas: tales en realidad, en este país, no existen. De hecho, tiende a suceder precisamente lo contrario.

Hablando de contrarios, no pretendo con este escrito extender mi frustración, ni alimentar la suya. De eso tenemos más que suficiente. Pretendo todo lo contrario. Buscar el sentido que pudiese tener hoy an día el escribir y publicar un libro. Dos argumentos voy a exponer: solo dos, ya que el asunto tiene muchas miradas y porque me interesa que en una de esas, usted querido/a lector/a, pudiese interiorizar algo de lo que planteo ya que, también en una de esas, pudiese a usted servirle.

No es el final, es solo el principio

 Pienso que uno de los grandes problemas es confundir el final, con lo que en realidad, es solo el principio. Pensar que lanzado el libro, vendrá la promoción que se merece, lo que llevará a que se discuta públicamente, a que lo identifiquen y lean los potenciales lectores, no es como funcionan muchas veces las cosas.

No es como me han funcionado a mí ciertamente, y me atrevo a pensar que similares experiencias han tenido la mayoría de mis semejantes (escritores).

Cuesta entender que el libro es una semilla lanzada a un gran páramo desconocido, que germinará en los huertos y tiempos más inesperados.

Es lo que me ha sucedido con otro de mis pocos libros (Biobío Rebelde: de Ranquil a Ralco, Ceibo, 2012) que muchos años después de su publicación, amigos me han comentado con emoción haber leído.

Por ejemplo una colega me contó haberse  llevado una una copia al hospital para leerlo durante la recuperación de un infarto cardíaco. Me confesó no solo habérselo leído de pe a pa, sino que mis palabras la habrían ayudado en su recuperación. ¡Qué alago! ¡Que honor!

Otro par de amigos me han comentado de parientes jóvenes que están leyendo el libro como parte de sus investigaciones académicas. O un amigo de mi hija, que se lo compró en una cuneta.

Quién sabe que ecos resonarán y que acciones gatillarán esas lecturas. El tiempo, literal -y literariamente-, lo dirá.

Los esfuerzos nobles y desinteresados siempre volverán a uno

Tranquiliza también el comprender que de verdad los esfuerzos “correctos” (nobles y desinteresados) Siempre (con mayúscula) volverán amplificados en reconocimiento y consuelo. Y esto no sólo en una vida futura, más allá de ésta, sino en esta misma. Y esto será más allá de los “ilusorios laureles” o “efímeras comodidades” que para algunos -muy pocos- el sistema reserva. Si estos llegaran, serán sólo por añadidura.

Así es que tranquilos/as. ¡Sigamos escribiendo y publicando!

 

 

Ir al contenido