Por Mónica Silva Andrade

Durante la visita que hizo a Chile la escritora española Irene Vallejo (Zaragoza 1979) Doctora en Filología Clásica por las Universidades de Zaragoza y Florencia autora de ese éxito editorial que es “El infinito en un junco” enfatizó sobre la importancia de las bibliotecas públicas.

También de las bibliotecas en general, como lugares accesibles y auténticamente democráticos donde las personas entran sin ser invitadas, disfrutan, son atendidas y encuentran un verdadero remanso en medio de la ciudad.

Una ligazón fundamental-dijo-en los tiempos que corren no solo en Chile, sino en el mundo, con ciudades que pueden volverse hostiles, allí están las bibliotecas casi siempre, sinónimo de tranquilidad, de remanso, de ocio feliz. Donde la palabra se  encarna en un espacio.

Fue en el ciclo “La Ciudad y las Palabras” de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Católica, campus Lo Contador, donde Irene Vallejos tuvo su primer encuentro masivo con sus lectores.

Impresionante cantidad, mil personas de todas las edades, estábamos aunadas exclusivamente por el afán lector y por haber encontrado en el libro de Irene una memoria, un estudio, una manera didáctica, sencilla y a la vez profunda de comprender al mundo, a través del conocimiento del origen de ese asombroso artefacto nacido hace cinco milenios: Los libros en la Antigüedad, estudio sobre el que se basa el magnífico ensayo, que ha vendido 50 millones de ejemplares en el mundo.

También tuvo encuentros con alumnos de escuelas públicas de la Región Metropolitana invitados por la UC y en Puerto de Ideas en Valparaíso que la tuvo como una de sus principales invitadas y encargada de la conferencia inaugural.

En su estada en Santiago, Irene visitó la Biblioteca Nacional, y se impresionó no solo de la magnífica y clásica arquitectura que se erige en plena Alameda Bernardo O‘Higgins sino en su historia paralela y arraigada con la formación de la propia República. También recorrió las principales librerías de la capital.

La biblioteca del Círculo tiene vida

Ella se habría encantado, seguro, de conocer otra Biblioteca, más íntima pero tan histórica como la Nacional, la Biblioteca Joaquín Edwards Bello del Círculo de Periodistas de Santiago que se levanta en el tercer piso del edificio patrimonial denominado en sus orígenes como la Casa de los Periodistas y que está cumpliendo setenta años.

La Biblioteca acrecentada a través de los años con legados de los propios integrantes del Círculo, a cargo de una profesional bibliotecaria Valentina Chamorro Sepúlveda.

Consta de todos los requerimientos de una moderna instalación, pese a la antigüedad del edificio, y con libros de temas propios como comunicación, audiovisual, estudios de cine, radio, televisión, Internet, redes sociales, etc. Funciona de 9:30 a 18:30 horas en horario continuado y de libre acceso a quienes lo requieran.

Hay quienes siguen mirando a las bibliotecas como lugares inermes, inertes, faltos de dinamismo, sin lectores. Nada de eso. Hoy por hoy las bibliotecas tienen vida que se las dan quienes concurren a ella, sea para consultas, lectura, préstamo, talleres, conversaciones, presentaciones, etc.  Por eso es que duele tanto que una biblioteca se destruya o se queme como ha sucedido tanto en la historia de la humanidad. Y en nuestro propio país.

La Biblioteca del Círculo de Periodistas tiene vida, pero recuerda a sus muertos ilustres y a los periodistas asesinados durante la dictadura. A la entrada se erige el memorial que hace varias décadas los recuerda a todos.

Allí tienen lugar actividades que la propia institución diseña para sus socios y amigos.

Actualmente, tienen lugar dos talleres: Uno de Alfabetización Digital dirigido por la especialista Francisca Robles; y otro de Literatura a cargo del periodista y escritor Roberto Rivera, con participación de profesionales retirados, pero aún inquietos y dispuestos a incorporarse a las oportunidades que la modernidad otorga y por el otro revisitar a libros y autores que han marcado pauta y han definido, de alguna manera, la literatura contemporánea.

Mente ágil y abierta -coinciden geriatras y neurólogos- es un camino y una disposición para una vejez amable. El Círculo contribuye a ello. El secreto de una buena vejez puede ser un pacto honrado con la soledad, como advierte nuestro admirado Gabriel García Márquez, pero también puede serlo el mantener la mente y el espíritu disponible para nuevas aventuras intelectuales y sociales.

El Círculo de Periodistas de Santiago a través de su Biblioteca Joaquín Edwards Bello la ofrece. Y eso se agradece.

Ir al contenido