Gabriela, durante la ceremonia en que recibió el premio Nobel de Literatura.
Por Mónica Silva Monge
Se dice que Gabriela Mistral es la primera mujer latinoamericana en recibir el Premio Nobel de Literatura, pero la verdad es más grande: ella fue -en 1945- el primer premio Nobel para la América Latina. Fue en virtud de su mérito, que se abrió la mirada sobre la creación literaria engendrada en nuestro continente. Es así como después de ella -22 años más tarde- comenzaron a recibir el galardón cinco notables varones de las letras hispanoamericanas, a saber, el guatemalteco Miguel Ángel Asturias, 22 años más tarde: en 1967; su coterráneo Pablo Neruda, en 1971 (dos años antes de fallecer en discutidas circunstancias durante la dictadura); el colombiano Gabriel García Márquez en 1982, el mexicano Octavio Paz en 1990, y Mario Vargas Llosa de Perú, en 2010. Cabe hacer notar que en la pequeña pléyade de nuestra región americana, no ha habido otra mujer que haya conseguido el galardón. Cuando recibió el premio Nobel, Gabriela no tenía derecho a elegir al Presidente de la República ni a miembros del Parlamento en su propio país, puesto que en Chile, el derecho a voto universal para las mujeres solo se logró en 1949.
Esto la convierte en la figura más representativa de nuestra cultura latinoamericana en el mundo, aunque no fue sino después de seis años de recibir el Nobel, que se le concedió el Premio Nacional de Literatura, quedando ello como un acto vergonzoso en los anales históricos de Chile.
Su interés por la justicia social, el dolor de la pobreza y la familia obrera, el desigual trato de la sociedad hacia las mujeres, la paz mundial y otros temas que estaban en el corazón de sus preocupaciones, la llevaron a ir más allá de su creación literaria.
Gabriela periodista
Gabriela fue poeta, escritora, educadora, académica, diplomática e intelectual. Pero también ejerció el periodismo. Sus primeros textos fueron acogidos en los medios de comunicación masiva, donde además de sus poemas, aparecieron sus ensayos y artículos, de gran interés hasta el día de hoy y, más que nunca en el día de hoy. Es así como publicó primero localmente, a sus tempranos 17 años, su artículo más destacado de la época, titulado «La instrucción de la mujer», en La Voz de Elqui. También escribiría luego en El Coquimbo, de La Serena, y también en El Tamaya, de Ovalle. Solía usar como seudónimos, Soledad (en El Coquimbo), Alma y Alguien (en La Voz de Elqui).

Ya más adulta, publicaría en El Mercurio y diversos medios latinoamericanos, en un género inventado por ella: fueron famosos sus «recados», cartas dirigidas a la ciudadanía de la época. Su trabajo periodístico estaba centrado en su activismo por la justicia social y también en la difusión de su pensamiento cultural y pedagógico, defendiendo la importancia de la docencia y una educación a la que todos tuvieran acceso.
Aunque es conocida principalmente por su poesía –durante mucho tiempo con énfasis en su poesía infantil con un enfoque superficial–, fue una prosista fértil y consumada cuyas contribuciones a varios periódicos de importancia en el continente sobre temas de índole política y social, convocó para ella a un amplio número de lectores.
La instrucción de la mujer
En este artículo de 1906, abordó las limitaciones impuestas a la educación femenina[1], abordando desde una mirada crítica y adelantada, la urgencia de la educación femenina en una sociedad que aún relegaba a la mujer a roles subordinados. Aquí, la joven autora cuestiona el desperdicio de talento e inteligencia que implicaba negar el acceso al conocimiento a la mitad de la población: «Cuánta inteligencia perdida en la oscuridad de su sexo, cuántos genios no habrán vivido en la esclavitud vil, inexplotados, ignorados.»
Para Gabriela, la educación no solo era un derecho, sino la clave para romper con siglos de desigualdad y abrir oportunidades reales para las mujeres. Su escrito desafiaba las ideas predominantes de su época, afirmando con firmeza que no había justificación alguna para ubicar a la mujer en un lugar inferior al del hombre: «Instrúyase a la mujer; no hay nada en ella que le haga ser colocada en un lugar más bajo que el del hombre.»
Podemos decir que sus prosas y “recados” abarcan temáticas como el rol de la mujer en la sociedad, derechos humanos, derechos laborales, la educación, además de su interés en la Naturaleza, religión, espiritualidad y filosofía.
Carlos Silva Vildósola la comprometió en 1922 a colaborar con El Mercurio, como cuenta el editor Alfonso Escudero[2] en su compilación de 269 páginas de la prosa gabrieliana publicada en ese periódico, textos que hablan de las regiones y la identidad cultural de Chile y sus habitantes. “La práctica periodística no adocenó sino que clarificó su prosa”, dice el prologuista Escudero. “Aquí, en ‘Contando a Chile’ la tenemos hablando de Chile y de sus hombres y de sus cosas” -dice Escudero, a lo que hoy agregaríamos “y de sus mujeres”. Cosas de la época… En todo caso, nuestra Gabriela hablaba más de su patria como ningún otro autor o autora lo ha hecho.
Su prosa periodística no era la clásica, razón quizás, por la que nadie más ha hecho hincapié en esta variedad de su talento creador de mil caras. Es también la razón por la cual Escudero piensa que no sabe latín, cuando lee que ella escribe ‘abismo abisal’ y lo considera un desliz, en vez de una redundancia intencionada.
En el artículo nombrado como ‘Nuestros poetas. Carta a Armando Donoso[3] ’ habla de lo chileno, de ‘nuestro ingenuo orgullo chileno’, y menciona que ’uno de los aspectos de nuestra soberbia es el de negar la ayuda.
El 10 de enero de 1957, Gabriela Mistral falleció en el Hospital de Hempstead, en Nueva York, debido a complicaciones derivadas de un cáncer al páncreas. Tras su muerte, aparecieron libros que reunieron prosas, rondas, cantos, oraciones y poemas inéditos.
La ministra de las Culturas, Carolina Arredondo, confirmó que el Gobierno patrocinará el proyecto de ley que busca renombrar la Región de Coquimbo como Región de Gabriela Mistral. Esta iniciativa, impulsada por la senadora Yasna Provoste, busca homenajear a la destacada poetisa chilena en el marco de los 80 años de su Premio Nobel.
Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga, llega al mundo el 7 de abril de 1889 en Vicuña. Utiliza por primera vez el seudónimo «Gabriela Mistral» en una publicación, el 23 de julio de 1908.
Bibliografía
https://memoricamexico.gob.mx/swb/memorica/Cedula?oId=ErPXsoMBLq_Q_roRCmYe
https://www.poetryfoundation.org/poets/gabriela-mistral?utm_source=chatgpt.com
https://www.memoriachilena.gob.cl › w3-article-3429
[1] The Poetry Foundation+1National Women’s History Museum+1
[2] RECADOS: Contando a Chile. Gabriela Mistral. Premio Nóbel de Literatura 1945. Obras Selectas Vol. IV. Edit. del Pacífico S.A. , 1957. Santiago de Chile . En https://memoricamexico.gob.mx/swb/memorica/Cedula?oId=ErPXsoMBLq_Q_roRCmYe
[3] Armando Donoso Novoa (1886-1946). Ensayista y poeta, publicó crítica literaria en El Mercurio, el Diario Ilustrado y Zig Zag, entre otras publicaciones de la época.





