A principios de septiembre se publicó un nuevo informe del Proyecto Global de Monitoreo de Medios (GMMP, por sus siglas en inglés), que desde 1995 se enfoca en medir la representación femenina en la comunicación informativa, encontrándose entre los principales hallazgos un dramático estancamiento –e incluso retrocesos– en diversas áreas en comparación a mediciones anteriores.

En retrospectiva, la iniciativa se lanzó el año 1994, en Bangkok, Tailandia, bajo el alero de ​​la Asociación Mundial para la Comunicación Cristiana (WACC) y con el respaldo de la ONU Mujeres. En la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer, de la ONU (1995), se estableció que uno de los objetivos de los países en todo el mundo sería avanzar en materia de equidad de género en los medios de comunicación –acordado ese mismo año por 189 países en la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing. El GMMP contribuye a este objetivo con un aporte de datos fiables en cuanto a medición.

A 30 años de dicha instancia, en su séptima edición, los resultados del Proyecto Mundial de Monitoreo de Medios plantean un radical cambio en las estrategias de los gobiernos y sus políticas públicas para conseguir avances más significativos. Según Rodrigo Molina, Coordinador Global del proyecto (con sede en Toronto, Canadá), “el avance hacia una representación 50-50 de mujeres y hombres en las noticias se ha estancado”.

En entrevista con  círculodeperiodistas.cl, María Elena Hermosilla –socia de nuestra institución y co-coordinadora del estudio, en conjunto con la periodista Victoria Uranga–, ahonda en los desafíos que todavía tenemos como sociedad, y específicamente en la industria de los medios, así como en las recientes formas de diseminar información y opiniones como son las redes digitales. De acuerdo con la profesional, experta en estudios de género, un mejor balance en equidad en la comunicación social entre los géneros tendría el potencial de mejoras insospechadas en el empoderamiento de las mujeres y de desarrollo de la sociedad en su conjunto.

P: ¿Qué podría explicar el estancamiento en igualdad de género en los medios, considerando los avances tecnológicos, los cambios de consumo y difusión en la industria?

MEH: El estancamiento de la tendencia a una mayor presencia de mujeres en las noticias que se mostró de 1995 en adelante, es complejo y preocupante. Éste ya comenzó a notarse en el informe GMMP 2020, hecho en plena pandemia.  Primero, el sistema de medios, su contenido y la lectura que la gente hace de los mensajes no pueden ser analizados independientemente de la cultura hegemónica. Todavía estamos en una sociedad que discrimina bastante a las mujeres, con elementos que son barrera para un mayor desarrollo. En Chile, cada vez que hay desempleo, las primeras en salir de sus trabajos son las mujeres. Estamos inmersos en una cultura que no es igualitaria y que subvalora el aporte de las mujeres.

Segundo, hay un tema de hábitos profesionales de los colegas periodistas. Un factor clave en esta menor presencia a nivel global tiene que ver con los propios filtros mentales y las rutinas profesionales de los periodistas. Hay un tremendo desafío para las universidades y escuelas que forman periodistas. Los colegas de género masculino preferirían entrevistar primero a hombres, si se trata de abordar líderes o especialistas. Las mujeres aparecemos como la voz del pueblo, como una opinión sin nombre, no como sujetos con nombre, apellido y actividad. Hay un tema con la propia mirada de toda la cadena que toma decisiones en los medios de comunicación, que llama la atención en Chile donde hay muchas mujeres ejerciendo como directoras o jefas en medios.

Tercero, las mujeres aún tendemos a valorarnos poco. Esto responde a la lógica cultural predominante. Había proyectos donde se hacía lobby para nombrar mujeres en cargos importantes y había que convencer tanto a las autoridades como a las propias mujeres de su capacidad. Las mujeres tenemos que aprender a valorar lo que hacemos, es un acto de empoderamiento, de autorreconocimiento y de entender que para las sociedades, sobre todo para las y los jóvenes, son importantes estos ejemplos de mujer empoderada.

P: ¿Se refiere a la confianza que las mujeres deben desarrollar en sí mismas?

MEH: En Chile hemos progresado bastante en el ámbito político, con una mujer presidenta en dos periodos de gobierno, senadoras, diputadas y ahora dos candidatas a la presidencia. Esto habría sido impensable antes. Sin embargo, esto no ocurre en todos los ámbitos de la vida. Hay movimientos para que más mujeres formen parte de los directorios de empresas. Es necesario intervenir y actuar en temas específicos, como la minería, clave para Chile, porque hay un desequilibrio. Si bien las mujeres representamos la mitad de la población, hay amplios aspectos de la vida social donde las mujeres no tenemos la representación que merecemos. Hay luchas que dar desde las propias mujeres en economía, cargos de jefatura y ciertos ámbitos productivos. En el desarrollo científico y tecnológico también necesitamos más mujeres, y para ello se requieren políticas públicas, que no afectan en nada a la libertad de expresión.

P: Una de las cosas que más realza el estudio es que hay mucho capital humano que no se aprovecha, precisamente porque las mujeres están subrepresentadas.

MEH: Exactamente, esa es la lucha. Si la mitad de la población del mundo tiene una representación de un cuarto (que es lo que refleja el resultado del GMMP2025), creo que el ámbito del desarrollo se ve afectado por una cultura que no avanzó lo suficiente en equidad de género y valoración del aporte de las mujeres. Las raíces están en que no se valora como corresponde nuestro aporte a la vida en general, volviendo a los roles más clásicos de las mujeres, como la maternidad, los trabajos de cuidado y reproducción de la vida familiar; algo que muchas veces pasa desapercibido. Es el hándicap que hemos arrastrado por siglos. En Chile se lanzó recién un informe sobre cuánto aporta este trabajo invisible al PIB, y la cifra es impresionante.

Mira la historia del periodismo en Chile… Había que ser muy capaz para que te publicaran un cuento en los medios de antes. Había revistas para que las mujeres diéramos recetas de cocina, no para publicar nuestras cartas o cuentos, porque no éramos consideradas seres con cerebro. La revista Paloma, por ejemplo, trató de valorar el trabajo cotidiano de las mujeres populares, no solo mostrar que las mujeres podíamos salir a lo público, como el enfoque de la revista Paula, sino ir más allá, con una perspectiva también de clase. Paula, por su parte, fue capaz de demostrar que había otras formas de ser mujer y de relacionarse con los hombres, distinta a la tradicional chilena, heredada de los colonizadores. Y su creadora, la periodista Delia Vergara, acaba de ser distinguida con el Premio Nacional de Periodismo 2025.

Tengo muchas dudas respecto al rol de las influencers. La digitalización y las redes, por un lado, ofrecieron una democratización, permitiendo que cada ciudadano sea vocero de su propia identidad y cotidianidad. Pero el rol de la influencer ha sido fundamentalmente un personaje femenino que estimula el mercado, siguiendo patrones de ropa, productos, dietas y comportamientos. Las influencers no quebraron patrones. Pero podrían hacerlo.

P: Muchos de los avances en igualdad se han logrado gracias a políticas públicas. Pero ahora tenemos una situación donde las tecnologías, reguladas por el mercado y con algoritmos sesgados, están escapando de la esfera pública regulada por el Estado.

MEH: Para mí eso es un “misterio”. Solo digo que seamos más críticos al recibir los cambios tecnológicos. Los ciudadanos que percibieron la posibilidad de hablar y mostrar su identidad a través de las redes, deben saber que los algoritmos están manipulados y que el ciudadano que usa la tecnología no tiene nada más que su voz. Los aparatos que las personas usan en casa los compran en el comercio, vendidos por grandes multinacionales a través del retail. Las redes tampoco son nuestras, son de supermillonarios y empresarios con capital con alta concentración. Hay que ser más críticos y luchar por una democratización real de estas nuevas tecnologías. Lo que a nivel internacional se llama “justicia digital”. Pido dedicarle atención a esto que recibimos con tanto júbilo, como la inteligencia artificial. La AI está entrenada precisamente con el pasado y los contenidos publicados en línea, previamente.  Muchas de las cosas que escribe la inteligencia artificial ya vienen formateadas con una determinada manera de pensar. Estamos entregando nuestra propia capacidad de pensar a este fenómeno.

P: ¿Los tiempos que se vienen nos están exigiendo un rol más activo y crítico respecto a lo que tenemos que hacer como colegas y con los medios?

MEH: Por supuesto. Y que las mujeres también tienen que tener un rol más activo, de moverse, hablar, llamar, pedir, presionar, no inhibirse, tener más conciencia de la importancia que tienen. Porque, queramos o no, la manera de pensar de la gente tiene que ver con lo que lee y escucha en los medios. Hoy en día, también en las redes sociales. Son herramientas muy poderosas.

P: ¿Cuáles son los desafíos particulares del caso chileno?

MEH: Me gustaría una mayor coordinación y trabajo conjunto de las instituciones y organizaciones que trabajan en esta problemática. Hay muchas profesoras con conocimiento y estudios de género en las escuelas de periodismo, el Colegio de Periodistas, el Círculo de Periodistas, diversas ONG… Pero muchas veces falta coordinación. Pediría un trabajo conjunto con metas claras, aunque fueran dos o tres metas por año, pero que sean metas de todas y todos los que se comprometan en esto.

 

 

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