En un momento marcado por la desinformación, la sobreexposición de contenidos y la fragilidad de la confianza pública, la Presidenta del Círculo, Margarita Bastías dio la partida al encuentro con motivo del Día Nacional de la Prensa, abriendo un espacio para pensar el presente y el futuro del periodismo. Lo que comenzó como un conversatorio en el marco del Día de la Prensa, terminó como una interpelación al oficio, a sus prácticas y a su responsabilidad con la democracia.
Periodistas, estudiantes, dirigentas, académicos y ciudadanía, acudieron a la Biblioteca Joaquín Edwards Bello. Entre ellos destacaron el director de Le Monde Diplomatique, Víctor de La Fuente; de Página19, Patricio Martínez, y de Tribuna Ciudadana, Miguel H. San Martín. También se contó entre los presentes, Luis Torres, quien fuera Rector de la universidad Arcis, y otros colegas destacados. Todos pudieron participar activamente de un diálogo que dejó una sensación compartida: el periodismo atraviesa una crisis, pero también por una oportunidad para redefinirse.
La conversación fue conducida por la Secretaria General del Círculo, Mónica Silva Monge, quien guio un intercambio que cruzó generaciones, experiencias y formatos, poniendo en tensión preguntas fundamentales sobre el rol del periodismo en una sociedad de rápidos cambios tecnológicos, culturales y políticos. Enfatizó en la importancia de respaldar los programas y medios del periodismo no hegemónico, como los del streaming, para que puedan subsistir sin obligarse a recurrir a auspiciadores. Uno de los ejes más contundentes de la tarde fue la irrupción de nuevas plataformas de medios, la lógica del algoritmo y la economía de la atención, que han modificado no solo los formatos, sino también los criterios editoriales.
Periodismo con bajos estándares
La periodista Alejandra Valle, que migró de la TV abierta al medio digital, lo planteó sin ambigüedades: la línea entre información y entretenimiento se ha desdibujado peligrosamente. Lo que antes eran fronteras claras, hoy se mezclan en contenidos que buscan impacto inmediato, muchas veces a costa de la profundidad y el rigor.
Valle apuntó a una pérdida de estándares: el debilitamiento de la verificación de fuentes, relatos sin contexto, y la reproducción acrítica de contenidos, todos los cuales han contribuido a erosionar la credibilidad del periodismo. Advirtió además, sobre prácticas que hoy parecen normalizadas, pero que resultan profundamente dañinas, como titulares engañosos, noticias sin contrastar, información que circula sin responsables. En ese escenario enfatizó que la verdad no es negociable.
Destacó también, que existe una ciudadanía que sigue valorando el periodismo serio, que busca información de calidad, y que está dispuesta incluso a sostener medios independientes. Esa tensión entre crisis y esperanza atravesó toda la jornada.
“Publicar primero y corregir después”
Desde otra vereda, el periodista y académico Danilo Díaz profundizó el análisis con una mirada estructural. Conectó la crisis del periodismo con el debilitamiento del pensamiento crítico, acompañado de un déficit en comprensión lectora y capacidad de análisis, lo que impacta directamente en la forma de informarse y la construcción de opinión pública. En ese contexto, planteó que el periodismo pierde terreno frente a mensajes simples, breves y altamente efectivos desde el punto de vista comunicacional, pero muchas veces vacíos de contenido o cargados de intencionalidad. Su experiencia en investigación periodística le permitió contrastar dos lógicas: la del trabajo riguroso, basado en tiempo, verificación y contrastación de fuentes, frente a la velocidad del “publicar primero y corregir después” que domina gran parte del ecosistema actual.
A esto se suma -dijo- la precarización laboral en los medios, la reducción de equipos, la desaparición de roles clave como el editor y la presión constante por producir contenido inmediato. Todo ello, advirtió, impacta directamente en la calidad de la información. Sin embargo, su diagnóstico no fue fatalista. Instaló la idea de que recuperar el estándar del periodismo es una tarea urgente y colectiva. No se trata solo de adaptarse a los cambios, sino de sostener lo que define al oficio, aseguró.
Transformación de los medios y de las audiencias
Desde el mundo del streaming, el periodista Axel Indey aportó una perspectiva generacional que complementó el debate. Su intervención permitió comprender que el problema no es solo la transformación de los medios, sino la transformación de las audiencias. Hoy el periodismo compite en un escenario saturado de estímulos, donde captar la atención se ha vuelto un desafío central. En ese contexto, los formatos cambian: el streaming, los podcasts, los reels y las plataformas sociales se convierten en espacios clave para informar. Pero ese cambio no es neutro, aseveró.
Indey planteó que la democratización de la comunicación -donde cualquiera puede generar contenido- abre oportunidades, pero también riesgos evidentes, especialmente en un entorno donde las noticias falsas circulan con mayor rapidez que la información verificada. Sin embargo, lejos de rechazar este escenario, su llamado fue a comprenderlo y habitarlo con inteligencia. El periodismo debe aprender nuevos lenguajes, conectar con audiencias jóvenes, generar cercanía y romper ciertas solemnidades. Pero sin perder lo esencial.
Lo anterior, porque, como quedó en evidencia, la credibilidad sigue siendo el principal activo del periodismo. Y sin ella, no hay contenido que resista.
Otro de los puntos más críticos del conversatorio fue la reflexión sobre la construcción de la pauta informativa. Se cuestionó la dependencia de fuentes oficiales y la centralidad de las élites en la definición de lo noticioso.
Se instaló una pregunta incómoda: ¿a quién le habla hoy el periodismo?
La discusión evidenció una desconexión creciente entre los medios tradicionales y la ciudadanía, donde muchas veces los temas que afectan directamente a las personas quedan fuera de la agenda. A esto se suma la concentración mediática, la fragilidad de los medios públicos y la falta de pluralismo real, elementos que configuran un escenario complejo para el ejercicio democrático. En ese marco, el rol del periodismo no solo es informar, sino también ampliar el debate, incorporar nuevas voces y contribuir a una deliberación pública más inclusiva.
El diálogo no fue solo un intercambio de ideas. Fue un diagnóstico compartido y, sobre todo, un llamado. Porque el periodismo no está en crisis únicamente por factores externos. También está siendo desafiado desde sus propias prácticas, decisiones y omisiones. Y en ese escenario, la responsabilidad es ineludible.
El cierre dejó una idea que resonó con fuerza entre las y los asistentes:
el periodismo sigue siendo un pilar fundamental de la democracia, pero su defensa no es automática. Requiere compromiso, ética, rigor y, sobre todo, voluntad de transformarse sin renunciar a sus principios.
La invitación es clara: generar más espacios de encuentro, fortalecer la formación, recuperar la confianza y volver a poner en el centro aquello que da sentido al oficio. Porque en tiempos de ruido, velocidad y confusión, el periodismo tiene una tarea irremplazable: buscar la verdad, sostenerla y ponerla al servicio de la sociedad. Y hoy, más que nunca, esa tarea es urgente.





