Por Mónica Silva Monge
19 de diciembre de 2025

El 19 de diciembre se conmemora en nuestro país el Día Nacional de Prevención del Femicidio. La fecha se establece en memoria de la pequeña Javiera Neira Oportus, asesinada por su padre en 2005, cuando tenía solo seis años. El hecho constituye un caso de violencia vicaria, es decir, una circunstancia donde el agresor usa a los hijos para dañar a la madre. La niña Javiera intentó defender a su mamá de un acto de violencia de su padre.

Según informa la Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres, se registran 51 agresiones sexuales al día en Chile, es decir, una agresión cada 28 minutos. De las víctimas, 9 de 20 son menores de 18 años.  También las mujeres adultas son objeto de violencia ejercida en su contra solo porque su pareja cree que abusar, golpear o matar a su mujer es propio de su masculinidad. Hemos visto casos de médicos que abusan de pacientes postradas[1], que son tratados benévolamente por sus pares o jefaturas, por la policía o el sistema de justicia, todos los cuales los consideran en su conciencia, como crímenes menores.

 Qué hace la prensa por las mujeres

 El papel de la prensa suele limitarse a extraer el jugo noticioso de un hecho de sangre que queda finalmente en eso, un espectáculo que provoca exclamaciones de asombro, sin escarbar en qué hay de cultural en ello, pronunciando la palabra femicidio vaciándola de su contenido de violencia de género.  Se muestra el caso como único, describiendo los hechos como una discusión ocasional que se salió de control, esquivando la explicación de que es un hecho que ocurre desde tiempos antiguos, que puede afectar a cualquier mujer.  Se exhibe con la misma pauta de un hecho policial cualquiera; se entrevista a vecinas que invariablemente opinan que el agresor “era muy tranquilo, saludaba siempre, sacaba a pasear a su perrito”, significando que algo lo debe haber sacado de su manera de ser tan tranquilo y bien educado. Nunca “descubren” que lo ocurrido correspondía a un continuum de violencias de diferentes tipos.

Otros programas periodísticos se focalizan en los detalles más morbosos a fin de recabar audiencias para sus patrocinadores comerciales, o bien cuestionan de manera invisible la conducta de las víctimas, mostrando que se maquillaban o salían de casa cuando ya estaba bastante oscuro, construyendo su culpabilidad en lo que les ha ocurrido. Estos encargados de desmenuzar los acontecimientos criminales se convierten en maestros del subtexto, de las frases elípticas.

Todo acaba sin programas de análisis acerca de cómo educar a niñas y niños desde los primeros niveles de escolaridad, sobre la igualdad de derechos y dignidad entre los seres humanos… Sin observar que el sistema aún falla en la protección de mujeres, niñas y niños.

Luchar contra el femicidio, la muerte de una mujer de mano de quien espera protección, apoyo y solidaridad, requiere de cambios estructurales de una cultura que no ha evolucionado lo suficiente y que a veces tiende al retroceso en términos de los derechos humanos, en este caso, de las mujeres. Uno de esos cambios está en medida importante, en manos de los medios de comunicación masiva, pero también en el sistema judicial.

 El apoyo de las leyes

Tanto en Chile como en otros países, ha costado decenas de años y cambios culturales para lograr que se promulguen leyes que castiguen los crímenes de odio hacia las mujeres, ya sean abusos sexuales, torturas, secuestros, maltratos o femicidios.

En nuestro país, contamos desde mediados de 2024, con la Ley Integral N°21.675 , que constituye un marco legal para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra todas las mujeres en razón de su género. Esta ley establece también un sistema de información para mejorar la respuesta del Estado, garantizando representación jurídica gratuita y evitando la revictimización, protegiendo también a niños y niñas afectados.

¿Qué cambia con esta ley?

  • Se fortalecen las medidas cautelares, para que sean más efectivas, estableciendo su revisión y supervisión.
  • Garantiza apoyo jurídico, psicológico y social especializado y gratuito de Sernameg.
  • Establece una mayor coordinación entre instituciones, para simplificar el acceso a programas del Estado y mejorar las políticas de prevención y abordaje.
  • Promueve la educación no sexista para niños, niñas y adolescentes.
  • Define 9 formas de violencia: física psicológica, sexual, económica, simbólica, institucional, política, violencia en el trabajo y gineco-obstétrica. Reconoce como violencia de género aquella ejercida contra niñas, niños y adolescentes, con el objeto de dañar a sus madres o cuidadoras. 
  • Incluye las relaciones de pololeo como violencia intrafamiliar, además de otras medidas.

La violencia contra las mujeres de toda edad y condición, cruza a todos los países, algunos de los cuales perfeccionan cada vez más el marco jurídico para evitar que estos hechos sigan ocurriendo causando dolor, destruyendo familias y aumentando la voluntad de las jóvenes de no contraer matrimonio.

 Giorgia Meloni, “muy satisfecha” con ley de Femicidio

En Italia, la Cámara de los Diputados aprobó el 25 de noviembre recién pasado, en forma definitiva y por unanimidad, un proyecto de ley que introduce en el Código Penal del país el delito de feminicidio, castigándolo con cadena perpetua.

Quedará tipificado como una forma específica de homicidio en la que incurrirá quienquiera que mate a una mujer por “odio, discriminación o por actos de control, posesión o dominio por razón de género”, o como represalia por una negativa a mantener o proseguir una relación afectiva.

La primera ministra italiana, varias veces visitada por el presidente electo de Chile, Giorgia Meloni, se reconoció “muy satisfecha” con la nueva   ley, declarando que “es una señal importante de unidad en la política contra la barbarie de la violencia contra las mujeres”.  Esta ley obligará al ministro de Justicia a comparecer una vez al año para estudiar la situación de femicidio en el país.
Esperamos que la revolución de las comunicaciones incluya una mejor vida para las mujeres… lo que redundará en mejor calidad de vida también para los hombres y las familias.

[1] Caso del oncólogo de la clínica Las Condes, Manuel Álvarez

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